
Si una mujer extraña a su vaquero, es porque no puede salir al ruedo, llevar revólver y andar a caballo en la intemperie. Es porque se retuerce en su cama (su cuerpo cada mes le recuerda que debería tener un hijo de ese vaquero, para que a sus tres o cuatro años, si nace varón, sea fotografiado con un sombrerito y revólver de juguete). Es porque se aburre en un pueblo sucio hecho para hombres sucios. La sangre que derrama el vaquero tiene algo que ver con la que derrama la mujer, es su contraproducción.
Te busco vaquero. Te extraño. Pero sabé que es porque me aburro en esta casa hecha para una mujer que debe buscar y extrañar.
Esta total falta de amor puede volverse una venganza: iré a ese pueblo, preguntaré por mi vaquero. Y si nadie responde, mi caballo sabrá de la intemperie.
(Vaquero, un cartel tendrá tu foto y dirá que te busco.)